
Sin duda, éste es el ciclo de campaña más hostil para los inmigrantes en la historia reciente.
Las elecciones presidenciales del 2008 fueron un concurso entre dos candidatos amigables con la reforma migratoria: el senador republicano de EE.UU. John McCain de Arizona y el senador demócrata de EE.UU. Barack Obama de Illinois.
En el 2004, el asunto tuvo poco juego; tanto el presidente titular George W. Bush como el Sen. demócrata John Kerry de Massachusetts favorecían la reforma, discrepando principalmente en sus respectivos acercamientos a la aplicación en el lugar de trabajo.
La inmigración no dividió a los candidatos presidenciales del 2000. Bush y el demócrata Al Gore respaldaban una reforma integral con un camino hacia la legalización.
La plática dura este año sobre inmigración de los aspirantes republicanos a la presidencia advierte revisar la retórica de campaña y registro de los dos candidatos principales del partido en el 2008. En 2005, McCain copatrocinó el proyecto de ley McCain-Kennedy (S.1033) que habría expandido los programas de trabajador invitado, brindado un camino hacia la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados en EE.UU. y reforzado la seguridad fronteriza. Y a lo largo de su campaña del 2008, el recalcó la urgencia de colocar una reforma migratoria a la cabeza de la agenda.
Su rival demócrata, el candidato Obama, estuvo prometiendo volverla una prioridad durante su primer año en el puesto. Es el tiempo para un presidente que no huirá de la reforma migratoria integral, dijo a la asamblea del Instituto de la Camarilla Política Hispana Congresional en el 2008. Confíen en que el elegirme a mí llevará a una revisión de la política migratoria estadounidense, aseguró repetidas veces a los votantes.
Desde que fue elegido, ha seguido el mismo patrón. El resultado es un ambiente más volátil, más hostil y más extremo que nunca. Frustrados con el fracaso de Washington para pasar una legislación, otros estados han promulgado leyes de inmigración duras.
Los resultados de la incapacidad de Obama para encabezar un movimiento exitoso del Capitolio para una reforma migratoria integral, aunado con el récord de 400,000 deportaciones de su administración en el 2011, se escuchan con mayor volumen en este ciclo de campaña. Obama creó un vacío de liderazgo al que los aspirantes republicanos a la presidencia menos moderados se han aplicado para llenar.
Los primeros resultados de las primarias plantean la posibilidad de que una estricta línea anti-inmigrante podría ganar la nominación republicana. Lo que es peor, el desempeño de Obama hasta ahora no inspira la confianza que ofrece un contrapeso.
El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney es, por ahora, el principal candidato republicano, ganando la cumbre de Iowa y las primarias de New Hampshire. Él dijo recientemente que, como presidente, vetaría la ley DREAM (Desarrollo, Ayuda y Educación para Menores Inmigrantes), si el Congreso llegara a pasar dicha medida. Versiones previas de la legislación federal ofrecían un camino hacia la ciudadanía para menores inmigrantes indocumentados a través de la universidad o el servicio militar estadounidense.
Romney proclamó recientemente el respaldo del secretario de Estado de Kansas Kris Kobach, autodenominado como “arquitecto intelectual de la lucha en contra de la inmigración ilegal”. Simultáneamente, votantes en Carolina del Sur, cuyas primarias son el sábado (21 de enero), recibieron correos resaltando la posición de Romney en la inmigración. Como presidente, él apoyaría leyes de inmigración estatales, daría “pasos enérgicos para reducir la inmigración ilegal” y terminar con los “imanes” para los inmigrantes indocumentados. Carolina del Sur está entre los estados con nuevas leyes para frenar la inmigración ilegal.
Excepto por Newt Gingrich, ex Presidente de la Cámara de EE.UU., los otros contendientes republicanos a la presidencia – el ex Sen. de EE.UU. Rick Santorum de Pennsylvania; el Rep. de EE.UU. Ron Paul de Texas; y el ex gobernador de Texas Rick Perry – están malabareando para impresionar con sus línea de inmigración más estrictas.
Hay advertencias ligeramente esperanzadoras. Los 48 estados restantes tendrán sus primarias y cumbres en los próximos seis meses. Las convenciones de nominación republicana y demócrata están a siete y ocho meses de distancia, respectivamente. Y las elecciones generales a casi un año. Muchas cosas pueden cambiar.
Grim news for immigrants
Arguably, this is the campaign cycle most hostile to immigrants in recent history.
The 2008 presidential election was a contest between two immigration reform-friendly candidates: Republican U.S. Sen. John McCain of Arizona and Democratic U.S. Sen. Barack Obama of Illinois.
In 2004, the issue got little play; both incumbent President George W. Bush and Democratic Sen. John Kerry of Massachusetts favored reform, differing chiefly on their respective approaches to workplace enforcement.
Immigration didn’t divide the 2000 presidential candidates. Bush and Democrat Al Gore backed comprehensive reform with a path to legalization.
The tough talk this year on immigration by Republican presidential hopefuls advises revisiting the campaign rhetoric and record of the two major party candidates in 2008. In 2005, McCain co-sponsored the McCain-Kennedy bill (S.1033) that would’ve expanded guest-worker programs, provided a path to citizenship for undocumented immigrants in the United States and tightened border security. And throughout his 2008 campaign, McCain restated the urgency for putting immigration reform at the top of the agenda.
His Democratic rival, candidate Obama, kept pledging to make it a priority his first year in office. It’s time for a president who won’t walk away from comprehensive immigration reform, he told a Congressional Hispanic Caucus Institute assembly in 2008. Trust that electing me will get U.S. immigration policy overhauled, he assured voters repeatedly.
Since being elected, he’s followed much the same pattern. The upshot is an environment more volatile, more hostile and more extreme than ever. Frustrated with Washington’s failure to pass legislation, additional states have enacted harsh immigration laws.
The results of Obama’s inability to lead a successful Capitol Hill drive for comprehensive immigration reform, coupled with his administration’s record 400,000 deportations in 2011, are reverberating with growing volume this campaign cycle. Obama created a leadership vacuum that less moderate-on-immigration Republican presidential hopefuls have applied to fill.
Early primary results raise the possibility that a strict, anti-immigration hardliner could win the Republican nomination. What’s worse, Obama’s performance to date fails to inspire confidence that he provides a counterweight.
Former Massachusetts Gov. Mitt Romney is, for now, the Republican frontrunner, winning the Iowa caucus and the New Hampshire primary. He said recently that, as president, he’d veto the Development, Relief and Education for Alien Minors Act, should Congress pass such a measure. Previous versions of the federal legislation offered a path to citizenship for undocumented immigrant minors through college or U.S. military service.
Romney recently trumpeted the endorsement of Kansas Secretary of State Kris Kobach, the self-described “intellectual architect of the fight against illegal immigration.” Simultaneously, voters in South Carolina, whose primary is Saturday (Jan. 21), received mailers outlining Romney’s position on immigration. As president, he’d support state immigration laws, take “forceful steps to curtail illegal immigration” and end “magnets” for undocumented immigrants. South Carolina is among the states with new laws to curb illegal immigration.
Except for Newt Gingrich, former U.S. House speaker, the other Republican presidential contenders – former U.S. Sen. Rick Santorum of Pennsylvania; U.S. Rep. Ron Paul of Texas; and former Texas Gov. Rick Perry – are jockeying to impress with the strictest immigration line.
There are slightly hopeful caveats. The remaining 48 states will hold their primaries and caucuses over the next six months. The Republican and Democratic presidential nominating conventions are seven and eight months off, respectively. And the general election is nearly a year away. A lot can change.